De la profundidad emerge un silencio calmoso que me envuelve y que me protege ; me hace saber que a menos de un milimetro está aquello cuanto busqué infructuosamente tanto tiempo, yaciendo junto a mí lejos del mundanal ruido e insertados en una marabunta de pasiones, ruidos, quejidos, gemidos y un largo etcétera nos enfrascamos en el sacro santo templo que se forma cuando tu piel y la mia se unen sin más como reflejo corpóreo de un pensar incesante y placentero...
Se trata pues de la lucha surgida del arsenal de la experiencia sumado a la avidez de las despensas que se rellenan como si fueran pilas; sin más se da el momento idóneo para acometer el viaje para traspasar de lo corriente a lo sublime pues alcanzando este punto todo discurre sin más, poco a poco siendo bien concebido el hecho de que tal momento captura en sí la alquimia elevada a su máximo exponente; acrecentada con el descanso que conlleva la sapiencia de que tal Piedra Filosofal se encontraba inserta en las profundidades de un grimorio que se escribe día a día con la tinta invisible que mana de tu ser y del mío. Se facilita sin más la lectura del manuscrito fruto de una pasión del corazón sólo entendible por aquellos iniciados en las lides batalladas conjuntamente por el querer y la líbido.
Cada centímetro es recompensado con una ingente cantidad de química y de sentimiento supliendo perfectamente la sordidez del acto en sí. Simplemente agotados quedamos unidos por el engrudo que surge de mezclar un sentimiento común con la fuerza de las cosas bien hechas.
Queda pues unido con tal argamasa la estructura de este sagrario que se levanta de la tranquilidad y silenciosos iniciamos una plegaria conjunta como agradecimiento por una peregrinación inconclusa pero inicio de un viaje dual más allá de las Puertas del Edén...



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